Retirada a tiempo: Porque el zarpazo fue corto pero intenso.

Retirada a tiempo: Porque el zarpazo fue corto pero intenso. 

 Calles de Eulate a los dos días de la bajada del rebaño.
Foto de Pili Ruiz de Larramendi.

He querido resaltar la foto de la nevada en Eulate, donde quedó el rebaño, a 730 metros de altitud, frente a los 930 metros de altitud de las Majadas de Eulate donde pastaban dos días antes. 

Sí, pastaban. Porque dice Patxi las ovejas tienen el morro fino y afeitan la hierba por corta y tiesa que sea. Y, por complicado que sea mordisquearla, como pasa en zonas pedregosas como Larregoiko o las cercanías del Balcón del Nacedero. Vacas y yeguas lo tienen peor. 

  Y que, aunque seca, la hierba “tenía mucha fuerza”. Por otro lado, las latxas se buscan suplementos en la flor de brezo, abundante este año, y en las hojas del espino. 

 Y para cuidar bien las maternidades avanzadas, Patxi y Monika desde septiembre, sea bueno o malo el año, siempre les refuerzan la alimentación con una ración de pienso. Dice Patxi: La oveja ya está gestando el cordero, que se está  desarrollando y nos importa cuidarlos a ambos.

  En lo referente a la sequía, tampoco han tenido problemas en sus áreas de pasturaje habituales. Entre el agua de Lastameta, en el lado de Urbasa, y la fuente de los Mojones (antes Okolokiturri) en el lado de Limitaciones de las Améscoas.


Fuente y bebederos de Los Mojones 
(Okolokiturri en lo antiguo). 
Fotos de Monika Ruiz de Larramendi

Sí le han preocupado las consecuencias que puedan derivarse a plazo en los acuíferos y que puedan resultar irreversibles. Y ha sido un hecho que la lluvia de primeros de noviembre ha servido para poco, porque al ser muy tardía, ha generado una hierba muy débil.


La Movida 

Vayamos pues a la retirada que se adelantó un par de días, porque ya tenían puesto el 20 de noviembre, pero la alarma de nevada fuerte hizo obligado el adelanto.

Patxi siguió el protocolo establecido. Recogió el rebaño al completo, ovejas (preñadas y a falta de un par de semanas para parir) y carneros, por la mañana y les dio la ración de pienso correspondiente.

Almuerzo del rebaño antes de la partida.
Foto de Pili Ruiz de Larramendi

Tras el desayuno, las volvió a meter a todas en el estajo. Y escogió unas cuantas ovejas tranquilas, veteranas, no excesivamente agobiadas por la preñez y les puso las zumbas. Con estos cencerros grandes las nombraba guías del rebaño para el descenso.

Como especie gregaria que es el ovino, el sonido continuo que abre la marcha sirve para producir tranquilidad y sosiego y un seguimiento ordenado. Un total de seis zumbas colocó este año Patxi con ayuda de Aritz.

Patxi coloca las zumbas con ayuda de
Aritz Usarbarrena, su sobrino.
Foto de Pili Ruiz de Larramendi.

Y dispuesto el rebaño y dispuestos los otros dos ayudantes, los perros de pastor, Kaiser y Txapel, se pusieron en marcha y se despidieron hasta otro año de esta majada.

Rebaño saliendo del estajo y alejándose de las Majadas.
Fotos de Pili Ruiz de Larramendi.

El recorrido de vuelta era complicado. De una parte, debía ser llevado a ritmo suave para que lo soportaran bien las preñadas, que eran mayoría. Por otro lado, no se podía hacer un recorrido razonable porque continuaba cortado el descenso del puerto por el desplome de una gran roca.

Se orilló para el ascenso en la primavera y pasaron, pero hacerlo para el descenso con la torpeza añadida derivada del embarazo avanzado era un riesgo a evitar y Patxi prefirió dar una vuelta más larga y evitar el obstáculo y una posible pérdida.  Pérdida doble además, de la oveja y del cordero que iba a nacer.

Rocas caídas sobre el camino del puerto de Koparazio y que lo
hacen intransitable.
Foto de Monika Ruiz de Larramendi.

Se dirigió el rebaño en sentido Oeste, hacia el puerto más alejado, pero transitable, el de Gonea, atravesando el portillo de Marisistela, el portillo de Iara y el Raso Largo.

Movimientos del rebaño por el Monte Limitaciones en dirección
 al Puerto de Gonea con Aritz de cierre. 
Fotos de Pili Ruiz de Larramendi.


       Pasado el boquete del puerto descendieron en sentido Este,            abandonándo esa pista para enlazar con senda que les llevó         a su destino, el extremo oriental de Eulate.  

Descenso del puerto de Gonea y desvío hacia el Este.
Fotos de Amaia Garcia de Albeniz.

Bajaron pues con calma y sin ninguna prisa. Y aún y todo, dice Patxi, siempre hay alguna oveja que sufre más y lo pasa mal, aunque vayas muy despacio.

Tardaron una hora y tres cuartos en completar el traslado y no les dio agua al llegar porque fueron bebiendo en los charcos, en todas las “microparadas” que hicieron, que fueron muchas. Aunque precisa que son de poco beber.

Tras separar los carneros, metió las ovejas en la pradera del Calvario, donde acostumbran, para darles tranquilidad tras el agitado recorrido.

El Calvario de Eulate y el reposo de las preñadas tras la caminata.



Enebro/Jiniebro: Siglos de uso como condimento y medicamento

 Enebro/Jinebro: Siglos de uso como condimento y medicamento

Enebro con gálbulos de 1º año (color verde claro) 
y 2º año (color azul oscuro). Foto de archivo propio.

Habría que empezar por identificar a nuestro "personaje", el enebro, a fin de que sepamos de quién hablamos.

Su imagen

El enebro, jinebro, jiniebro (se decía con frecuencia en varios pueblos de Améscoa), es un arbusto de buenas dimensiones, que se extiende en zonas preferentemente frías y montañosas de Asia, Europa y Norteamérica. 

Enebrales importantes en el Raso de Lezamen. 
Foto de archivo propio.

Que alcanza fácilmente los dos y tres metros de altura. Sus hojas son en forma de aguja grande en haces de tres unidades no hirientes y con una banda blanca longitudinal característica.

Hojas en forma de agujas del enebro no hirientes 
y con mancha blanca longitudinal. Foto de archvo propio.

Sus méritos

Antes de seguir habría que decir que el enebro es un superviviente nato y que lleva aquí más tiempo que las hayas y los robles. Sus antepasados resistieron el rigor de la última glaciación en la sierra, cuando el paisaje era una estepa fría y abierta.

Que aguantó en la sierra en los momentos de mayor rigor climático de la última glaciación y preparó luego el terreno para la recuperación del bosque que volvería miles de años después, tras finalizar el gran frío.

Paisaje de Urbasa durante la última glaciación, con la 
presencia de enebros, recreado con la colaboración de Gemini.

            A título de curiosidad diré que solo el hombre, que no               había olvidado dónde estaba el material estratégico, el                   sílex, se acercaba hasta aquí para extraerlo de la veta,                   tallarlo y llevarse las codiciadas y necesarias piezas.

Así pues el enebro no solo sobrevivió, sino que fue una de las especies vegetales dominantes en las áreas abiertas y soleadas de la sierra durante los períodos de máximo frío, formando parte de una vegetación de estepa. Esto se ha confirmado mediante estudios paleobotánicos en yacimientos cercanos, donde el polen de enebro aparece como un elemento significativo.


Sus utilidades

Desde la más remota antigüedad el enebro fue utilizado en la cocina y en la medicina. Griegos y romanos  atribuyeron el carácter de especia a sus bayas y usaron sus ramas en los asados de carnes. Y sus granos fueron usados en la ginebra y en la grappa.

El fuego alimentado con ramas de enebro se ha entendido que aportaba aromas tónicos y estimulantes. Y se le han atribuido virtudes como antiséptico, estomacal, antitusivo y antirreumático. El aceite esencial de enebro se utiliza para relajar la musculatura contracturada.

Su madera, pese a su escasez, ha sido muy apreciada, y lo es todavía en lo países nórdicos para la talla de pequeñas cajas o mangos de cuchillos.

Es especialmente longevo y cita Wikipedia un ejemplar que, hechas las pruebas pertinentes, ha mostrado una edad de 1.647 años (en Laponia, Finlandia).

Su libro de familia

Repito que es un arbusto de buenas dimensiones que, en nuestro territorio, forma grandes agrupaciones. Es de crecimiento lento.

Es dioico, es decir que hay arbustos femeninos y hay arbustos masculinos. Los elementos reproductores surgen en primavera. Los masculinos producen unos conos de pequeño tamaño de color amarillento que liberan el polen al viento y caen al poco tiempo.


Diminutos conos masculinos del enebro cuyo polen 
será dispersado por el viento. Foto de archivo propio.

La floración femenina, produce unos conos discretos, alargados y verdoso-azulados. 

Dibujo y foto poco clara del nacimiento de la flor femenina. 

Estos conos, tras ser polinizados, se sueldan y se vuelven carnosos, formando los que llaman "gálbulos", o frutos femeninos de color verde. Llega el invierno y el desarrollo se frena y el fruto aguanta el frío tomando un ligero color azul. Durante el segundo año el "gálbulo" completa su desarrollo, alcanza su tamaño final y su coloración azul oscura. 


Esquema de desarrollo del enebro común, realizado 
con la colaboración de Gemini


Enebros en el Puerto de Gonea sobre Eulate. 
Puede entreverse la estela discoidea de la desaparecida ermita 
de San Juan y San Pablo. Foto de archivo propio.




Asesinato del alcalde de Améscoa Alta en 1586

 Asesinato del alcalde de

 Améscoa Alta en 1586


       Ilustración del asesinato de Gonzalo de Albizu en 1586,        elaborada con la colaboración de Gemini

Luciano Lapuente estudió en el ARGN el proceso relacionado con el asesinato del alcalde de Améscoa Alta y Escribano Real, Gonzalo de Albizu.Con sus datos, con los que yo dispongo sobre el personaje, que lo era, y la época, sumamente peculiar en la historia de Améscoa, aporto yo mi versión al respecto.

El día 23 de noviembre, domingo ya de tarde avanzada, volvía a Eulate, a su domicilio, de ejercer sus funciones como notario en Améscoa Baja, el citado Gonzalo de Albizu. Cuenta Lapuente, basándose en el contenido del proceso, que al llegar a las proximidades de la ermita de Sandeloa, hoy San Eloy, «le salieron al camino, le tiraron un tiro de escopeta con perdigones gruesos y le mataron a traición y alevosamente … y no tuvo lugar para poder llegar a su casa, ni para confesar ni testar».

Al saberse la noticia,el teniente de alcalde mandó congregarse en la iglesia del lugar, junto al Palacio, a todos los vecinos del pueblo y comprobó que no faltaba ninguno. Se dice en el propio proceso que entre la gente se comentó de inmediato que los Jáuregui eran altamente sospechosos. Y el Teniente de Alcalde, Diego Remírez de Baquedano, yerno del difunto, fue resolutivo. Encerró a dos miembros de la familia citada como presuntos asesinos y les confiscó «los arcabuces y las abarcas con todos los aparejos».


Detención en la cárcel de Eulate de dos miembros de la
 familia Jauregui considerados sospechosos del asesinato.
Dibujo realizado con la colaboración de Gemini.

Al día siguiente, reconoció el lugar de los hechos acompañado y dos vecinos, Esteban de Mendiguren, cerrajero, Joannes Miquelez y Pedro de Acedo, sastre, hallaron huellas de abarcas en piezas de labor cercanas. El Maestro Cirujano local, Álvaro Gutiérrez, hizo el reconocimiento del cadáver e informó «Sacamos la camisa hacia afuera, desabrochamos el sayo y el jubón y le hallamos, en el lado izquierdo cinco heridas que cada una procedía de tiro de arcabuz y extrajimos del cuerpo tres postas».

Supone Lapuente, que debió leerse todo el proceso, que todo pudo ser debido a la enemistad entre familias, los Albizu, de una parte, y los Jáuregui y Díaz de Jáuregui de otra.

Y es verdad que a algunos la hidalguía parece salírseles por las orejas y se notan excesos para un valle tan pequeño. Sobran “jauntxos” con cierta frecuencia en algunas fases de nuestra historia.

Parece que en esa confrontación, resumiendo, se pasan de vueltas ambas partes. Albizu, desde su posición de alcalde, notario e hidalgo les da leña a los Díaz de Jáuregui y, al parecer, mueve los hilos para que uno de ellos sea obligado a aceptar por un año, el puesto de buruzagi, o alguacil municipal. Y lo hace cuando estaba intentando conseguir el reconocimiento de hidalguía para su apellido, lo que le hubiera dejado exento de prestar ese servicio. En esa época, eso suponía una humillación grave.

Y los Díaz de Jáuregui, o alguno de ellos, no solo siente el agravio, sino que decide devolverlo y con creces. O con postas, mejor dicho. Y la disputa se salda con un muerto.

Las averiguaciones no aclararon nada, bien sea porque no se investigó bien, o porque el autor o autores de los hechos se habían dotado de unas excelentes coartadas que hacían imposible probar que hubieran cometido el crimen.

La Corte Mayor de Navarra, quizá para no quedar mal, impuso penas de destierro del Reino de cuatro años a los dos sospechosos y de un año al que consideró inductor. Y digo esto porque no había prueba alguna contra ellos. 


Marcha al destierro del Reino de los tres condenados en el proceso.
Dos por cuatro años y uno por un año.
Dibujo realizado con la colaboración de Gemini.

Duro castigo si eran inocentes. Nulo castigo si eran culpables, porque no tuvieron sino que ir a vivir a Contrasta o a otra población del cercano valle de Arana en Álava.

No he leído este proceso, en el que la viuda de Gonzalo de Albizu reclamaba 10.000 ducados por la muerte de su marido y que consta de 497 folios, porque esto es un blog y ya tengo 82 años. 

Y es mucho trabajo para llegar a la conclusión de que de vez en cuando, como la historia pone de manifiesto, se nos enturbia el cerebro y acabamos humillando al vecino o dándole muerte. 

 

Gonzalo de Albizu era vecino y natural de Eulate. En la página más antigua de los libros parroquiales de Eulate que consulté, se le menciona con fecha 1549. Concretamente, junto a su mujer Catelina Pérez de Eulate. Y el motivo es el nacimiento de su hija María. Ya en esa fecha se le menciona como “Notario”. En 1552, el matrimonio bautiza a un hijo con el nombre de Gonzalo.

Gonzalo de Albizu hijo, ejerció también como Notario, siguió avecindado en Eulate y había casado en 1582 con María Díaz de Jáuregui. Que supongo no sería de la misma rama con la que estaba reñida su padre. En 1590 bautizaron un hijo al que, ¡cómo no! llamaron Gonzalo, y ese mismo año, además de padre, fue también ¡cómo no! alcalde de Améscoa Alta.


Para saber más sobre el proceso:

LAPUENTE MARTÍNEZ, Luciano (1982), INSTITUCIÓN PRÍNCIPE DE VIANA. Cuadernos de Etnología y Etnografía de Navarra. Número 33 (1979). Estudio etnográfico de Améscoa VIII. El Buruzagui. Un crimen de tipo social. pp.498-501.







Retirada: Sin otoño casi y con zarpazo anunciado de invierno

 Retirada: Sin otoño casi y con zarpazo anunciado de invierno

        Noviembre 18: Patxi Ruiz de Larramendi, con ayuda de Aritz                     Usarbarrena (al fondo Lokiz), hace un alto en el Puerto de Eulate,         antes de bajar el rebaño para pasar el invierno. Y allí, terminar de          gestar, parir, criar y ser ordeñadas. Foto de Pili Ruiz de Larramendi.
        Contaré más de la retirada y gráficamente.



Txabola del abuelo Raimundo Ruiz de Larramendi en 
las Majadas de Eulate y todo preparado para la partida. 
Foto de Pili Ruiz de Larramendi.






Andasarri: Huellas humanas desde el Paleolítico Medio hasta hoy

 Andasarri: Huellas humanas desde el Paleolítico Medio hasta hoy 


 Barranco de Andasarri/Undasarria, desde el Alto de Andasarri,  Undasarrigaina en lo antiguo. Foto de archivo propio.

Andasarri, Undasarri antes, es un paraje que a nadie deja indiferente. Diré más, que cae bien a todos los que lo conocen.

Está situado en el lado occidental del Monte  Limitaciones de las Améscoas, lo que llamaban la “Brecha Vieja”, al norte de la misma, en el paraje conocido como “La Barranca”, cerca de la Pared.

Es una estrecha y larga barrancada, en sentido SE-NO, que han abierto las aguas formando un regajo con su nombre, Andasarri (en su día “zequia de Undasarria”), en dirección descendente hacia el Raso de Urbasa, donde confluye con el que forman las fuentes que bajan de Mendigain y el regajo de los Frailes. Todo esto ocurre, obviamente, cuando lleva agua. Es el único curso de agua, de carácter estacional y mínima entidad que discurre, casi todos los años (por las lluvias o al deshacerse las nieves), entre Limitaciones y Urbasa.

Es el nombre igualmente aplicado a la fuente y bebedero habilitado en la parte del barranco citado próxima a la Pared de Limitaciones, que capta agua de un manantial situado al Oeste del aska.

          1.- Situación en un agosto lluvioso. Foto de archivo propio.
          2.- Situación a 16 de Mayo de 2025. Foto de Elena Balerdi.
          3.- Situación a 27 de octubre de 2025. Foto de Patxi Ruiz de         Larramendi.

La trinchera que forma el barranco y la posición menos abrupta de la pendiente orientada al Este, en carasol, han podido ser algunos de los factores que han favorecido la presencia de grupos de cazadores y recolectores en ese paraje durante la Prehistoria.  La espléndida veta de sílex de Urbasa, el agua próxima, la caza abundante durante los veranos pudieron ser los otros incentivos. Y los restos de talla de sílex en la Barranca, en la que está embebida Andasarri, lo ponen de manifiesto.

Y la evidencia de la romanización de la zona, si es evidente en el valle, no lo es menos en la Sierra. Trabajos agrícolas realizados por vecinos amescoanos en estos parajes durante siglos, ponen de manifiesto hallazgos de equipamiento doméstico en la zona. Lo que muestra la presencia de Roma ya entre los siglos I-IV en nuestro valle, juento a otros indicios.

 Hablamos de una altitud no inferior a 900 metros.

 Fragmentos de cerámica de terra sigillata romana hallados en 
varias parcelas agrícolas de Limitaciones por Emilio Redondo.
Foto de archivo propio.
 

También en las proximidades de Andasarri, pero precisamente en tierras que han sido roturadas durante siglos, por lo que por lo que solo fragmentos han podido hallarse. Lo destacable era su posición y con frecuencia, el carácter dominante de los parajes. Ignoro si los lugares eran seleccionados por la belleza del paisaje o por lo estratégico de su ubicación. 

Tanto Undasarrigaina como Kapanagaina, utilizo las denominaciones antiguas, eran alturas lo suficientemente destacadas como para tener mojones en los amojonamientos primeros, y están a 930 metros de altitud. 

Alto de Andasarri, Undasarrigaina en lo antiguo, con su mojón
 primitivo en el exterior de la Pared y el mojón renovado 
 el Día del Valle de 1995 en el interior. Foto de archivo propio.

Sea como fuere, ahí está el paraje de Andasarri (un barranco llamado la zequia de Undasarria, en amojonamiento de 1.666), con su fuente y su barranco. Su alto previo, Undasarrigaina, en el mismo amojonamiento.

Acequia de Andasarri al fondo, en el punto más bajo, 
atravesando la Pared y entrando en el Raso de Urbasa.
Foto de archivo propio.


Paraje de Andasarri y letrero desde el Sur en 2006.
Foto de archivo propio.







Baríndano, 1630: Esposa y madre muy joven

Baríndano, 1630: Esposa y madre muy joven

Ciclo ineludible de la mujer rural en la edad fértil:

EMBARAZO-PARTO CON RIESGO-LACTANCIA LARGA

Magdalena nació el 23/12/1613, hija de Joan de Esparza y Artieda, Escribano Real, y de María Ruiz de Zuazu, en Baríndano, que era su residencia, entiendo que por destino en función del oficio paterno. 

El apellido Esparza y Artieda, leído como uno solo, era “importante” en Navarra en la época. Tomás Fernández de Baquedano, Señor de los palacios de Gollano y Lácar en 1528, había casado María de Esparza y Artieda.

Y el primer hijo de este Escribano Real, el padre de Magdalena, bautizado como Joannes en 1608, tuvo como padrino a Gonzalo Remírez de Baquedano, Señor del Palacio de San Martín.

En 1610 aumentó la familia con una niña, Catharina.

Y la siguiente fue Magdalena que nació en diciembre de 1613.

En enero de 1617, falleció su padre, el Escribano Real. Ignoro la edad. O no lo decía el acta de defunción o no lo anoté. Entiendo que era joven porque era reciente el nacimiento de su hija Magdalena. Pero entiendo también que la muerte no fue repentina pero sí por enfermedad. No hizo el testamento ante un notario, sino que dejó precisados legados y mandas por su alma ante un presbítero de Baquedano.

Sea como fuere, la viuda no debió quedar en situación muy desahogada y me da la sensación de que, en cuanto pudo, casó  a la primera hija que pudo a fin de aligerar los gastos familiares. No hay ninguna otra señal de que el matrimonio de Magdalena demandase urgencia. Es más, no tuvo su primera hija, María, hasta los 19 meses de haberse casado. 

Luego sí, entró en ese terrible ciclo que marcó la vida fértil de todas las mujeres de la Europa rural durante siglos. Embarazo-Parto con riesgo-Lactancia larga. Y vuelta a empezar. Compatibilizado con las tareas del hogar, más restos de tareas hortícolas, agrícolas y ganaderas. 

Tendrá una hija, Magdalena, en 1633. Un hijo, Joannes, en 1636. Una hija, Joana, en 1638. Un hijo, Miguel, en 1640. Una hija, María, en 1642. Una hija, Catalina, en 1645. Un hijo, Martín, en 1648. Una hija, Gracia, en  1649. Un hijo, Pedro, en 1652.

Y tengo anotado en mis apuntes que actuó como comadre a lo largo de más de treinta años. Falleció en 1677.    


El Balcón se viste de gala con los colores del otoño

 El Balcón se viste de gala con los colores del otoño

Las hojas del haya 

Balcón de Ubaba desde Portuzargaina. Foto de archivo propio.

El haya ya ha empezado a cambiar la ropa del armario y lo muestra, como otros árboles caducifolios, en el proceso de cambio de color y pérdida de las hojas.

Comienzo del otoño y primeras pérdidas de color de la hoja

La disminución de tiempo de luz y de tiempo de calentamiento son los dos factores que le impulsan a prepararse para el invierno. Los días se acortan y las temperaturas bajan y en esas condiciones los procesos de actividad fotosintética (producción de alimento usando como fuente de energía la luz solar) ya no son eficientes. Y los árboles deciden bajar la persiana del taller, pero no lo hacen de golpe, sino de forma progresiva.

Lo hace así para recuperar y reabsorber los nutrientes más valiosos que tenía depositados en las hojas y los traslada a ramas y tronco para su reutilización en primavera. Y reiniciar así el ciclo de vida del árbol. 

Dibujos simulando colores y pigmentos de la hoja del haya en otoño. 
Realizado en colaboración con Gemini. 

Los otros pigmentos  

    Al ir desapareciendo progresivamente la clorofila, pigmento mayoritario de la hoja durante el verano, se hacen presentes otros pigmentos que sí estaban pero no eran visibles, como los carotenoides, responsables de los tonos amarillos y naranjas ahora perceptibles en otoño. En el haya, concretamente, dan lugar, a un color cobre dorado o bronce intenso.

  Pero cada haya es distinta de las demás y, dado su tamaño, en un mismo ejemplar puede haber diferencias sensibles, dependiendo de la orientación, viento dominante, proximidad de otras hayas, etc, para dar diferentes tonalidades a sus hojas.

Este año en particular hay muchas hayas que han sufrido lo que se llama estrés hídrico lo que influye el proceso de la otoñada.


 Los pigmentos rojos

  Mientras que los pigmentos que generan los colores amarillo y naranja, los carotenos, están presentes todo el verano, existen otros, que se producen solo en otoño y bajo ciertas condiciones ambientales.

 Son las antocianinas. Requieren exposición a luz solar intensa y son responsables los colores rojos, púrpuras y magentas, que se ven en algunas hojas de haya con mucha exposición solar.

  Hay zonas en las Aldaias con mucha exposición y en años de otoños muy despejados, en que se dan esas circunstancias, se ven esas coloraciones. 


La hoja termina su labor en el haya

Una vez entregadas sus últimas reservas al haya que le dio vida la hoja se separa de esta mediante un proceso botánico. Consiste en que sus células protegen a la planta madre y se desntienden de la hoja liberándola físicamente ya, con lo que simplemente su propio peso o el viento más ligero, las hará caer.

Esquema explicativo del proceso de caída de la hoja del haya.
Realizado en colaboración con Gemini.


De esa separación quedarán heridas que cicatrizarán y esa corteza de la rama estará dispuesta para el nacimiento de nuevas hojas en el siguiente ciclo.  

    



    La alfombra mágica

Hayedo en el camino hacia el puerto de Iaratea.
Foto de archivo propio.

 La hoja del haya no es un desecho que ya ha cumplido toda su función. Tiene todavía un papel importante que jugar, una vez en el suelo. No voy a extenderme, pero buena parte de los cuidados que precisa el hayedo para su supervivencia se los dispensa su propio residuo: la hoja.

La hoja, cuando cae a tierra contiene todavía nutrientes valiosos que el árbol no ha podido rescatar antes de desprenderse de ella, como calcio, potasio, magnesio y carbono. Los liberará al descomponerse y será la tierra del bosque la que los recupere.  

  Contribuirá igualmente a la formación del humus a través de su descomposición por un amplio colectivo de organismos como hongos, invertebrados y bacterias. Este proceso transforma la materia orgánica en humus, vital para la fertilidad del suelo.


Esquema de las aportaciones de la hoja del haya al bosque.
Realizado en colaboración con Gemini.

Esa alfombra formada por la hoja ha contribuido a compactar el suelo y a evitar su erosión.

Y ha actuado a modo de esponja, reteniendo nieve y lluvia y liberándola lentamente. Fundamental para mantener una alta humedad en unas raíces superficiales como las del haya.

Contribuyen igualmente al aislamiento térmico del suelo tanto en invierno como en verano, regulando las temperaturas extremas.

Se convierte en habitat, morada y refugio para muchos pequeños invertebrados y vertebrados. En alimento para todos los organismos que se alimentan de residuos y son base de la cadena trófica. Y finalmente, actúan como incubadora de las semillas o hayucos de los que brotarán las nuevas plantas de haya.