El
año pasado, pedí a Marta Pérez de Albéniz, que me actualizase estado y
situación del puerto de Atarmina, sobre cuyo origen histórico, rodeado de una
cierta disputa entre Aranarache y Eulate, pensaba escribir.
Lo
hizo cumplidamente y las fotografías que me envió, obtenidas en el mes de
febrero, nos emocionaron a Arantza y a mí, porque mostraban la belleza del “picote”
de Arnotegi a la luz de una luminosa tarde invernal. Y lo dejaban ver con
claridad, algo que no es fácil, ya que, en cuanto despierta el hayedo, queda entorpecida
su visión desde las Limitaciones.
Me
hice el propósito de recordar la imagen y el paraje, de interés para nosotros y
creo que también para quienes todavía quedan ávidos de saber pequeñas historias
de su genoma.
Iré
pues al grano. Muchos de los componentes de nuestra fauna han generado
topónimos en nuestro territorio, tema del que espero poder ocuparme en un
futuro. Entre las especies de vuelo,
están el buitre (Saimendigaina,
1703, San Martín), el ganso (Anzariturria,
1766, Eulate), la perdiz (Epermendiazpia,
1734, Eulate) o la paloma (Usoacedatenduena,
1702, San Martín), entre otras. Pero voy a citar aquí a la que ha recibido más
honores, el águila, que frecuenta la heráldica de más alto rango. Y este es el
caso de Arnotegi, Arranotegi,
Lugar del águila o Nido de águila.
Arnotegi
o “la peña de Arnotegi” está situada en el Monte Limitaciones de las Améscoas,
sobre el núcleo urbano de Aranarache, que domina desde el Oeste. Y muy próximo
a la muga de Aranarache con Larraona.
Desde
su cumbre, se domina el caserío local casi en vertical y más atrás, el lugar de
Eulate. En esa cresta, veíamos con frecuencia, cómo se frustraban los intentos
de brezos jóvenes por crecer por el voraz apetito de las cabras.
Nos acércábamos con frecuencia a ese
observatorio, para continuar luego bordeando la peñera y bajar a San Benito.
A principios de la década de los noventa, descubrimos que había una mención para un Arranotegui de 5 de abril de 1590, en un amojonamiento de los comunes de Améscoa Baja al Sur del río Urederra y al Este de Baríndano, en las estribaciones de la Sierra de Lokiz.
Nada más sabemos al respecto, porque el topónimo no ha perdurado y no lo hemos hallado en ningún otro documento.
Tampoco se repite la mención de Arnotegi sobre Aranarache. Se
han destruido y retirado muchos documentos y estos topónimos “de fortuna”, al
no estar vinculados a propiedades agrícolas o fuentes o puertos, no han
subsistido en la documentación. Y suerte, y no poco trabajo, hemos tenido para dar
con ellos y para que, al menos, el de Aranarache, se salve de la desaparición.
Lo que parece claro es que el águila, y no cualquier águila, tuvo su vecindad en Améscoa Alta y en Améscoa Baja, de forma lo suficientemente llamativa como para bautizar a dos salientes rocosos del relieve amescoano.
Otra gracia tiene este saliente de la peñera del Monte Limitaciones de las Améscoas más valioso que la anécdota narrada. Y es que en él se sitúan los restos de un castro o fortificación primitiva de la Edad del Hierro.
Nos lo mostró un amigo, Joxean Lukin, y no lo supimos apreciar por falta de conocimiento en la materia. Él había puesto sobre la pista a Javier Armendáriz Martija, que lo examinó y lo situó en la segunda mitad del primer milenio antes de Cristo (1). Pero esta será materia para otra "entrada".
(1) ARMENDÁRIZ MARTIJA, Javier, «Completando el mapa de la Edad del Hierro en Tierra Estella. Castros inéditos en las Sierras de Urbasa y Andía», Terra Stellae, 3 (2011), pp. 96-113,









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